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Movilización social, disputa política y proceso constituyente

Cinco ideas a propósito de la coyuntura nacional.

Sergio Fabián Lizarazo Vega
Trabajador Social, Magíster en Educación y estudiante doctoral en Ciencia Política. Miembro de la Juventud Rebelde de Colombia y de la Escuela de Formación Popular Pedro Nel Jiménez.

Una vez efectuado el proceso plebiscitario mediante el cual el Gobierno Nacional intentó dotar de legitimidad el Acuerdo para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, construido con las FARC-EP durante aproximadamente seis años, y después de presenciar la multitudinaria movilización que se desarrolló el miércoles 5 de octubre, en respaldo rotundo al Acuerdo y a la necesidad de blindar el cese al fuego bilateral suscrito por las partes en días anteriores, se justifica ubicar una serie de ideas preliminares a propósito de la coyuntura política nacional y las perspectivas de la disputa por la superación del conflicto armado colombiano que se encuentra en el centro del debate público. A continuación algunas de ellas:

1. Empezar por lo aparentemente obvio que muchas veces se le olvida a la academia y a algunos análisis periodísticos: la política se desarrolla en diferentes esferas de la vida. El escenario institucional del sistema político, y particularmente su sistema electoral, es tan solo uno de ellos. En este sentido, una vez llevado a cabo el intento gubernamental de refrendación de los acuerdos de La Habana, y obtenidos los resultados ya conocidos, es evidente que el campo de la disputa política por la defensa de lo pactado entre la insurgencia y el Estado colombiano (respaldado de manera unánime por la comunidad internacional) se desarrollará en el mundo de la movilización social.

2. Tanto los resultados electorales —6.377.482 a favor del sí— como el rotundo éxito de la concurrida movilización celebrada en más de 14 ciudades del territorio nacional, dan cuenta de un ascenso histórico muy significativo en el respaldo por la solución política y dialogada al conflicto social, político y armado que ha flagelado al país por más de 50 años. Es claro que hace menos de una década era absolutamente impensado contemplar la posibilidad de presenciar un respaldo ciudadano como éste respecto al vehículo pacificador de la palabra (el cual reconoce de manera implícita el carácter indudablemente político de las insurgencias) y lo convenido hasta el momento, que no expresa otra cosa que la necesidad de superar las causas que originaron la guerra.

3. El momento histórico del país demanda una ciudadanía activa, organizada y movilizada en férreo y creativo respaldo a lo firmado en Cartagena el pasado 26 de septiembre entre el Presidente de la República y el jefe máximo de las FARC-EP. Las calles del país serán el principal escenario para la puesta en marcha de todo tipo de acciones que obliguen a las élites políticas a dar trámite legislativo a lo acordado y a pasar al proceso de implementación con el respaldo internacional ya fijado.

4. Los desarrollos teóricos y, sobre todo, los desarrollos prácticos del proceso constituyente por un nuevo país deben profundizarse en clave de ejercicio popular de construcción de poder y edificación de una nueva estatalidad que le arrebate a las élites el carácter dominante que han detentado durante la totalidad de la historia nacional.

5. Por último, y articulado con lo anteriormente enunciado, la movilización social desarrollada el 5 de octubre justamente da cuenta de un ejercicio de poder popular, caracterizado por un altísimo nivel de interés nacional por la no repetición de la historia de guerra del país. En consecuencia, se hace necesario ubicar y desatar como pueblo colombiano, en un ejercicio prospectivo, una hoja de ruta de movilización, organización social, y construcción programática unitaria del campo social y popular, que permita desatar un gran movimiento por la paz con justicia social que conlleve a un punto de desarrollo de tal proceso constituyente al desarrollo de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) por la reconciliación nacional y la no repetición de la guerra.

Ésta no deberá ser entendida como un como punto de llegada en sí mismo del devenir de las fuerzas sociales vivas y activas en respaldo de la paz, sino como una punto necesario en el decurso de las transformaciones profundas que demanda el país en distintos órdenes que incluso se deberán seguir proyectando y construyendo una vez sucedida la ANC.

Hoy más que nunca el país presencia un momento histórico lleno de oportunidades y riesgos; de expectativas y sueños; de esperanzas y posibles frustraciones. Esta coyuntura, sin lugar a dudas, condensa años de resistencia y propuestas de distintos sectores sociales y políticos por la superación del conflicto del país de manera dialogada y política; pero también engendra en sí mismo cierto tipo de correlato de anteriores y nefastos acontecimientos en el que se han producido pactos entre facciones de las élites para evitar la democratización efectiva, la soberanía y la justicia social en el territorio nacional, lo que ha derivado en un nivel importante de hermetismo del sistema político.

Así, el país se encuentra en un terreno de bastante incertidumbre pero de enormes oportunidades para el cambio definitivo hacia un nuevo país que exigirá de la ciudadanía un nivel importante de politización y acción social colectiva de cara a la superación de la guerra y la presión a las élites políticas para la consolidación de distintos tipos de decisiones institucionales que expresen un nuevo momento en el campo de fuerzas de la política colombiana, expresadas en un proceso constituyente por la reconciliación nacional y la no repetición de la guerra.

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