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Turismofobia no se escribe con la “T” de terrorismo, a menos de que sea mediático

Por: Camilo Medrano Valencia

Hace unos días, un medio nacional de gran plataforma, difundía lo que parecía ser una gran noticia; la nueva enfermedad que recorría Europa, a la que dan en llamar ” turismofobia”, y con esa publicación y ese calificativo, victimizaba a la unión europea que hace rato pasa por problemas estructurales como la migración de refugiados, el terrorismo islamista, asuntos los  cuales a través de sus políticas  coadyuvo a causar, y que en esta ocasión ni el diario colombiano se atreve a decir quiénes son los turistas que viajan por Europa a bajo precio a través de una plataforma digital que como Uber, hace un roto a la tradición del capitalismo de mercado y no tanto a la sociedad de consumo, y que a su paso van estropeando el patrimonio del “viejo continente” sin antes preguntarse si a los ojos de sus lectores, por pertinencia geopolítica, no les debería importar el lastre de la “turistificación”, otra de las expresiones de usanza para indicar el empobrecimiento al que están llevando los bienes y servicios de localidades de alto flujo turístico en Europa, y sobre todo, del suntuoso mercado turístico del primer mundo, más bien, por el que atraviesa el “tercer mundo” y un país como Colombia.

 

Turistificación, si es que se puede llamar así, es un padecimiento de los que han visto como su patrimonio, su ecología, ha sido legalmente usurpada por foráneos y eso, contesta está nota, no ocurre en europa tanto como aquí y no se confronta con fobia sino con resistencia. Aunque no lleve tal por nombre, cuando a las comunidades las desplazan, las despojan, las desaparecen para viabilizar megaproyectos en el territorio nacional mediante empresas transnacionales por concesiones prolongadas, se llama extractivismo. Cuando la gente de los barrios urbanos paulatinamente percibe que de pronto el uso del suelo ha venido cambiando, los servicios, los equipamientos para recepción de turistas residentes del primer mundo y están siendo inevitablemente desplazados por la carestía como ocurre en la Candelaria, centro histórico de la capital de Colombia, Bogotá, se llama gentrificación. Como esas dos, que ahora son tres, se puede llamar que los extranjeros vengan como expedicionarios por la amazonía a nadar con delfines rosados de agua dulce, o a turismo sexual en Pereira, o a turismo negro en la zona metropolitana de Medellín, o porqué no, a conocer a los excombatientes de las FARC-EP en las zonas veredales. Eso tiene muchos nombres aunque se llame turismo, lo cierto es que según algunos especialistas, a la europa turística la recorre una secular enfermedad llamada aporofobia. Odio a la pobreza que migra de la periferia.

 

Hay no termina la resonancia de aquella nota periodística. Según la redacción, el malestar  sobre este fenómeno en europa es tal que se han venido organizándo grupos de gente para  hacerle frente  a dicha situación  y los gobiernos locales a regularla, eso se ha podido contrastar con otras fuentes. Los medios a nivel internacional también informan sobre hechos en contra que han cometido grupos anarquistas. Hay ineludiblemente una oleada de indignación, sobre todo en España, por este tipo de turismo.

 

Lo que no se puede entender,  y hay la segunda reacción de este  artículo, es como tras los recientes atentados terroristas que han ocurrido en Barcelona y que el mismo diario de la publicación en cuestión informó, como suelen hacerlo ante un acto terrorista en el primer mundo, junto con muchos otros medios a nivel internacional e incluso fuentes oficiales, manejaron hasta no hace mucho la versión de que los directamente sospechosos eran estos anarquistas que andaban saboteando los tours en una de las ciudades en europa que mas registra este tipo de turismo como lo es Barcelona ¿cual es la primera imagen? Que los actos contra el turismo a bajo precio en europa, y más viniendo de anarquistas seguramente antifascistas que no toleran el terrorismo islamista, constituyen un atentado terrorista pues como lo denunció Juan Carlos Monedero de Podemos recientemente, esas asociaciones son de odio que sin saberlo solo favorecen al verdadero perpetrador. Una condena que no saldrá bien librada.

 

Que sirva ese contexto entonces para dibujar las desigualdades geopolíticas que tanto el norte como el sur global tienen aunque se encuentren imbuidos en problemas semejantes, y que llamé la atención sobre la peligrosa tendencia de las “fake news” que recorren el mundo desde la casa blanca hasta Barcelona, Ciudad de México pasando por Colombia, pues como anotaba el investigador español sobre tipos de violencia José Sanmartìn Esplugues, cuando decía sobre el terrorismo que era una forma de generar violencia y hacer noticia, que estos medios no lo sigan acometiendo contra la realidad.

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